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La edad adulta, el periodo más largo de la vida, es la etapa comprendida entre el fin de la pubertad y el inicio de la senectud. Es de vital importancia cuidar nuestra alimentación en esta etapa, ya que con ello lograremos mejorar la calidad de vida, aumentar la esperanza de vida y disminuir la morbilidad.
Los efectos de la alimentación y del estilo de vida en general tardan décadas en manifestarse; por ello, es difícil convencer a la población de la importancia de adoptar medidas preventivas tempranas. Entre éstas, la alimentación y la actividad física constante desempeñan un papel muy importante, ya sea para prevenir, aminorar o retardar la evolución de las enfermedades crónicas que deterioran la calidad de vida y conducen a una muerte prematura.
¡Haz conciencia de ello!
Prevé
Características físicas y requerimientos nutrimentales
Aunque es una etapa donde se frena el crecimiento, es importante cuidar la alimentación, ya que de ello dependerá la calidad de vida que deseamos tener.
Energía: Los requerimientos de kilocalorías (energía) son mayores para los hombres que para las mujeres. Esto se debe a que las mujeres tienen un mayor depósito de grasa corporal y menor masa magra, por lo que su gasto de kilocalorías (energía) en reposo por kilogramo de peso es alrededor de 10% menos que el de los hombres.
¡Las recomendaciones de energía disminuyen con la edad debido a la reducción en la masa magra y al descenso en la actividad física que suelen suscitarse a medida que avanzan los años!
Proteína: Los requerimientos de proteína en el adulto son menores en comparaciones con otras etapas, ya que existe un perfecto equilibrio entre la formación de proteínas y su degradación.
Tips para el adulto
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Mantén en equilibrio lo que comes y el ejercicio que realizas. Con ello mantendrás un peso saludable.
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Consume una gran variedad de alimentos en cantidades moderadas, combinando todos los grupos de alimentos. Esto garantiza la ingesta de los nutrimentos indispensables.
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Modera el consumo de alimentos de origen animal, ya que contienen cantidades apreciables de grasas y principalmente van acompañados de colesterol y grasas saturadas (carne roja, tocino, chicharrón, crema, pollo con piel, yema de huevo, etc.).
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Prefiere el consumo de pescados y aves sobre el de carnes rojas.
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Prefiere los productos elaborados con cereales enteros sobre los refinados, ya que contienen mayor cantidad de fibra. Ejemplos: Avena, galletas integrales, cereales de grano entero, etc.
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Consume una vez al día leguminosas (frijoles, habas, lentejas, garbanzos y chícharos), ya que contienen fibra y poca grasa.
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Controla el consumo de grasas vegetales (aceites de maíz, canola, cártamo, aguacate, etc.), pero prefiérelas sobre las grasas animales (manteca, tocino, crema, etc.).
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Aumenta el consumo de verduras y frutas, crudas o al vapor. Garantiza el consumo de 5 porciones de frutas y verduras variadas, diariamente.
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El calcio es importante, mantén un buen consumo de lácteos bajos en grasa como queso panela, leche descremada, yogurt descremado. Además, consume más sardinas, tortillas, charales que también son buenas fuentes de calcio.
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Evita los embutidos, ya que contienen sustancias carcinogénicas (que pueden causar cáncer), además de que contienen grasa. Te sugerimos comerlos ocasionalmente acompañados de vitamina C que es un antioxidante, y así podrás disminuir el riesgo.
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Si eres de los que consume bebidas alcohólicas, limita su consumo. Recuerda que el alcohol son kilocalorías vacías, ya que no nutren y sí aporta muchas kilocalorías (energía).
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Consume líquidos en abundancia, prefiere agua natural.
Nutrición del Adulto, Pfeffer Frania, Martha Kaufer-Horwitz, en Nutriología Médica, Casanueva E, y col. 2a. Edición, Edit. Médica Panamericana, pág. 104-119.
La información y comentarios presentados son de carácter orientativo y deben ser valorados por especialistas en la salud.
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