Son la principal fuente de energía del organismo, ya que las células los utilizan como combustible.
Se dividen en:
Hidratos de carbono complejos, son aquellos que tienen fibra, esto hace que su absorción en el cuerpo sea más lenta, se pueden encontrar en el pan, el arroz, la avena, la papa, etc.
Dentro de este grupo se encuentra la fibra. Se ha demostrado que el consumo de fibras solubles ayuda a bajar los niveles de colesterol en la sangre y reducir los riesgos cardiovasculares. Se recomienda el consumo regular de alimentos como leguminosas, avena, frutas y verduras para obtener estos beneficios.
Además, estos alimentos y otros cereales son fuente de fibra insoluble, cuya función principal es depurar al intestino protegiéndolo de padecer estreñimiento y mantener desintoxicado al organismo en forma integral.
Los hidratos de carbono simples, no contienen fibra y por eso se absorben más rápido en el cuerpo, un ejemplo claro es el azúcar y los jugos de frutas, entre otros. Son útiles cuando se requiere una gran cantidad de energía de manera rápida, por ejemplo al realizar diariamente más de una hora ejercicio, razón por la que se recomienda su consumo moderado.
Azúcar, también llamada sacarosa, lactosa, fructosa, etc. Aunque todas son de rápida absorción, algunas como la fructosa se tardan más en absorberse.